jueves, 27 de noviembre de 2014

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Tu Jesús personal



El  siguiente relato se creó basado en la canción TIENDE LA MANO Y TOCA LA FE y para participar en
 1ºCONCURSO “ARMA UNA HISTORIA BASADA EN UNA CANCIÓN” en Google+ por los administradores del blog EL CIRCULO DE ESCRITORES



                                             

                                     Tu Jesús personal

           Ahí estaba yo, descansando  tranquilamente sobre mi pata derecha, con los ojos cerrados e inflando plumón, esa cornisa era alta, distante del mundanal ruido, ancha, limpia y protegida del viento que soplaba del norte…era demasiado bello para ser cierto, no podía durar, en los tiempos que corren es imposible sustraerse de las desgracias ajenas tan fácilmente.
            Un hombre salió a hacerme compañía en la repisa, no tenía buena cara, no, era la viva imagen de la desesperación, le temblaba todo el cuerpo, hasta la voz salía de su garganta a trompicones:
 -alguien que oiga mis plegarias…Jesús, mi propio Jesús personal…-
          No me vio, se mantenía erguido, pegado al muro como una lapa y miraba hacia abajo, lo que nunca se debe hacer, parece mentira que salgan aquí fuera sin las nociones básicas para hacerlo y sin alas para volar, no era mi primer caso, ya me había sucedido una vez.
        No quería mirarlo, la tristeza que destilan los hombres que salen aquí, es como una nube de humo denso que se posa sobre ti y no logras sacudírtela, el abatimiento que reflejan se te adhiere como alquitrán en una playa del puerto, la inquietud, el dolor y la pena te penetran y mi corazón es demasiado pequeño para albergar tanta opresión, una vez…lo conseguí, pero dos… quizás era pedirle demasiado a una pobre paloma blanca.
        Sabía que tenía que actuar, antes o después debería hacer mi papel, no podía cerrar los ojos y alejarme alegremente dejándome caer sin consecuencias delante de los ojos de ese pobre desgraciado… tenía demasiados escrúpulos para hacer eso.
        No se cómo lo consiguió, pero logró sacar de su bolsillo un paquete de tabaco y tras tirar varios cigarrillos al vacío, consiguió colocar uno entre sus labios, quedaba lo peor, encender el pitillo, no tanto por el viento que como dije al principio era escaso en ese bendito lugar, es que el cigarrillo tenía vida propia, no sería fácil acertar con el mechero, me entraban ganas de sujetárselo, de ayudarle a encenderlo y de permitirle echar esa calada tranquilizadora que, a lo mejor, me calmaba a mí también.
          El encendedor estaba en el otro bolsillo, para cogerlo tendría que soltar la mano que le sujetaba a la vida, lo sopesó, dudó, sacudió la cabeza de un lado al otro y sonrió, luego empezó a reír histericamente, las cosas se ponían mal, era el momento de actuar.
          Emprendí el vuelo y cuando adquirí estabilidad, di un quiebro y volví atrás, hice un giro delante de él para llamar su atención y luego con gran esfuerzo de mis alas, me mantuve a la altura de su cara, mirándole fijamente, sin parpadear, cuando ya no pude aguantar más me posé nuevamente en la cornisa, a su lado, y apoyé mi cabeza en su pierna, a la altura del tobillo.
         La curiosidad me pudo y miré discretamente hacia arriba para ver su reacción. Me miraba, sorprendido, su mano no se había soltado, seguía agarrado a la vida.
        Tiró el cigarrillo, deslizó la mano derecha por el quicio de la ventana para poder agacharse y mantenerse aferrado a la vez, me acercó la palma de la mano libre, abierta, casi suplicante, presto, me subí a ella, se volvió a erguir, lento pero seguro, me sonreía, se notaba sosiego en su mirada, la tensión se iba deshaciendo, su corazón estaba abriéndose otra vez, ya no estaba solo, tenía su propio Jesús personal, sobre la palma de su mano. 

martes, 4 de noviembre de 2014