lunes, 24 de abril de 2017

Hablemos de humor 1




En la página ¿Quién soy? de este blog, digo que la senda del humor me fue impuesta poco a poco por los personajes que salían de mi pluma y esto no es del todo cierto.
Cuando empecé a dedicarme seriamente a la escritura, me di cuenta de que me resultaba más fácil relatar historias con humor. Tendía a caricaturizar a mis personajes y a aprovechar su aspecto cómico en muchas ocasiones.

Me documenté a fondo sin saber dónde me metía y comprendí que escribe con humor aquél que se enfrenta así a la vida o dicho de otra forma el que se enfrenta a la vida con humor y se pone a escribir, no sabe hacerlo de otra manera. Haber sido una niña gordita, bajita y con el pelo corto en un momento en el que las niñas debían de ser delgaditas, esbeltas y con melena, tuvo bastante que ver. Sin yo saberlo, adopté la técnica de reírme de mi misma como autodefensa y eso sembró semilla.

Una de las teorías sobre la risa (teoría de Bergson) dice que la susodicha es una herramienta de la sociedad para castigar a aquellas personas que presentan un comportamiento rígido, mental o físico, y no siguen los cánones establecidos por ella. Es un acto social dirigido a humillar a quienes transgreden y a corregir conductas.

—No es mi caso.
—No desesperes, los guapos, delgados y altos también pueden
emprender la senda del humor.


No sé si uno puede aprender a enfrentarse a la vida con humor pero sé que cualquiera que se plantee escribir humor, en el sentido amplio de la palabra, puede aprender a hacerlo aunque no haya sufrido humillaciones de pequeño.
El objeto de estas entradas no es el planteamiento filosófico del humor, ¡Qué Dios me libre, podría encontrarme un comentario de Aristóteles dejándome en ridículo!, es el de presentar herramientas útiles para el que quiera escribir con un toque de humor. Y dejo la puerta abierta al debate, a aportaciones y a correcciones ahí donde se merezcan.
Dicen que de los errores aprende el hombre ¿Y por qué las mujeres no podemos hacer lo mismo? Me refiero a lo de equivocarnos y estar dispuestas a admitir el error.

—¡No le veo la gracia!
—No te preocupes, no me ofendo. Se conoce que aún no estás casado.


No podemos preparar el maletín de herramientas sin antes definir porqué nos reímos, tener claro de qué nos reímos, y por último entender el concepto de humor.
El hecho es que estos tres puntos, que a simple vista parecen sencillos e inocentes, han sido fuente de controversia entre filósofos y pensadores desde que el mundo es mundo. No por nada la risa es lo único que nos diferencia del resto de seres vivos, por lo menos de este planeta. Definir, tener claro y entender se convierten en algo más complejo de lo que cabría imaginar. Se han escrito largos tratados y profundos estudios sobre el argumento y cada corriente filosófica ha defendido ideas totalmente diferentes, pero, todas ellas, igualmente válidas.
Me propongo analizar estas teorías a lo largo de las siguientes entradas pero de momento me limitaré a comentar algunos conceptos básicos necesarios.

—¡Qué sean cortitos, por favor!
—Haré lo que pueda.
—No te enrolles que cierro la página.
—Te lo prometo, iré al grano.


¿POR QUÉ NOS REÍMOS?

No hay nada más natural y mecánicamente sencillo que la risa pero resulta difícil explicar el motivo que nos mueve a ella. Eduardo Jáuregui, en un artículo que publicó en el periódico El Mundo, dice que en pleno siglo XXI, la risa sigue siendo para la ciencia uno de los acertijos más impenetrables de la psicología humana.
A lo largo de la historia, varios pensadores han intentado dar respuesta a esta pregunta. Sus explicaciones se han agrupado en 5 corrientes de pensamiento de las cuales hablaremos en profundidad más adelante.

  1. TEORÍA DE LA SUPERIORIDAD, iniciada por Aristóteles, seguida por Platón y sostenida por Bergson y por Hobbes que considera la risa pusilánime puesto que se basa en la ridiculización del prójimo y del reconocimiento de nuestra superioridad. (A ejemplo: reír del que resbala sobre una cáscara de plátano y cae)

  2. TEORÍA DE LA INCONGRUENCIA, sostenida por Schopenhauer que defiende que la risa tiene lugar tras la percepción de contrastes e incongruencias en ausencia de racionalidad. (A ejemplo: Cervantes usa la locura de don Quijote para presentar situaciones incongruentes que incluyen la sorpresa y lo inesperado)

  3. TEORÍA DE LA CATARSIS, sostenida por Spencer y Froid, se basa en la idea de que nos reímos por la necesidad de liberar emociones reprimidas. (tabúes) (A ejemplo los chistes agresivos y el humor negro)

  4. TEORÍA DEL PLAY, sostenida por Michael Mukay que asegura que cualquier cosa puede convertirse en graciosa. (Creo que no hacen falta ejemplos)

  5. TEORÍA DRAMATÚRGICA, planteada por Eduardo Jáuregui en su tesis doctoral, Todos desempeñamos distintos papeles en los escenarios de la vida cotidiana, y cuando no conseguimos dar una buena interpretación, caemos en lo que se llama el ridículo, un fenómeno en el que el actor sufre, pero quienes lo ven desde fuera pueden encontrarlo gracioso. (y él mismo trae como ejemplo: El Quijote se cree un gran paladín, igual que Torrente se cree el mejor policía de la fuerza).


—¿Y cuál se supone qué es la buena?
—Lo siento pero no hay buena. Todas son válidas. Lo único bueno
es que puedes plantear tu propia teoría, basándola,
eso sí, en casos que la demuestren.
—Yo no quiero plantear ninguna teoría, quiero que me cuentes la última,
la definitiva, quiero aprender a escribir humor.
—Lo entiendo, pero fíjate en lo que dicen algunas de ellas: dentro de
los distintos tipos de humor cabe el humor fallido
porque, a fin de cuentas, también es humor. Creo que no te gustaría
pertenecer a esa categoría así que no te queda más
remedio que plantar codos y aguantar el rollo.


HUMORISMO ≠ COMICIDAD

Lo he escrito con fórmula matemática para que no haya ninguna duda, la comicidad y el humorismo se parecen como el tres al cuatro.

LA COMICIDAD es más superficial y simple que EL HUMORISMO
EL HUMORIMO es un instrumento de la inteligencia


LA COMICIDAD

se basa en reír de algo o de alguien.
Nos entretiene.
Juega con la torpeza, la distracción, los vicios, los miedos…

EL HUMORISMO

se origina con un escepticismo, bien sea de tipo político, religioso o social.
Hace reír siempre que el receptor eche mano del pensamiento.
Juega con la condición humana, con lo ético, con los problemas sociales…
Puede ser irónico, sarcástico o satírico.

Soy de los que creen que las cosas se empiezan desde los cimientos por lo tanto opino que no es conveniente hablar de ironía o sarcasmo sin saber antes caricaturizar a un personaje o crear una situación cómica. Por lo tanto el plan de vuelo será el siguiente:
Empezar con los métodos para crear un personaje cómico, en los cuales veremos sus conflictos, su carácter, sus defectos y virtudes, su enfoque humorístico, sus gestos y su apariencia. Seguir con el abanico de situaciones humorísticas en las que citaremos las reglas de Preston Sturger, los consejos de Judy Carter y las recomendaciones de grandes maestros del humor. Por fin, en una tercera fase, enfrentarnos a los dragones: la ironía y el sarcasmo.

PERSONAJE CÓMICO Y SITUACIÓN CÓMICA

¿Existe algún límite que establezca hasta qué punto podemos llegar a reírnos de los demás? No, y menos hoy en día y en nuestros países (véanse las viñetas sobre Mahoma).
Podemos decir que el límite lo marca nuestra ética, el deseo de no insultar o el de no provocar desastres. Vivimos, algunos, en una sociedad libre, nos ha costado mucho conseguirla y, por lo tanto, cada cual con su moral.

PERSONAJES, FORMAS DE SER

Para hacer humor, podemos utilizar a un personaje común si la situación es cómica (quedarse sin agua caliente durante una ducha como le ocurre a mi personaje del relato cinco segundos), y a un personaje cómico en cualquier situación.
En una historia no todos los personajes han de ser cómicos al cien por cien, eso terminaría por aburrir. Se trata de jugar con situaciones y personajes, dosificando de forma conveniente la cantidad de situaciones cómicas con personajes comunes, de situaciones comunes con personajes cómicos y de las posibles combinaciones que consigamos hacer con personajes y situaciones según convenga para el desarrollo de la trama.
La figura viciosa o miedosa es ideal para crear al personaje cómico por ser un elemento fuera de lo común pero la figura demasiado perfecta también lo es porque no es normal presentar un comportamiento modelo en todo momento.
El personaje común puede mover al humor en una situación fuera de lo normal, porque el lector, al identificarse con él, se alegra de saber que a otros también le ocurre tal o cual cosa.

Resumiendo: para que haya humor tiene que haber algo fuera de lo corriente, bien un personaje o bien una situación.

Sabemos que un relato bien configurado está formado por imágenes, por escenas que nos presentan al personaje sin necesidad de describirlo, en el humor vale la misma regla. Y como además no nos reímos de alguien simplemente porque tenga la nariz larga o vista de forma estrafalaria, tiene que ocurrir algo que ponga en evidencia la comicidad del personaje, algo que lo presente sacándolo de su estado de confort y poniéndolo en una situación de conflicto.

Esa situación de conflicto puede deberse a tres causas:
Conflicto entre el personaje con el mundo (resbala sobre un fruto que ha caído de un árbol)
Conflicto entre el personaje y los demás (alguien ha puesto el fruto para que cayera)
Conflicto del personaje consigo mismo (Ha caído debido a su forma de ser o a su defecto, por ejemplo, debido a su distracción)

—¿Esto no te recuerda algo?
—Sí, a los conflictos de cualquier personaje en un relato o novela.
—Exacto. Y, recordando, el personaje es más fuerte si su conflicto es
causa de una lucha interna. En un relato humorístico
pasa lo mismo. Si el personaje cae por su propia distracción
la comicidad será mayor.

Por lo tanto, al momento de plantear un detonante cómico debemos de tener en cuenta que conseguiremos un éxito mayor si al personaje le mueve su proprio conflicto.

Hemos visto tres causas posibles de conflicto en un personaje distraído:

El distraído
  • Causa externa ( resbala por culpa de un fruto caído del árbol)

  • Causa externa inducida (alguien coloca el fruto maduro con intención)

  • Causa externa producida por distracción (va mirando las musarañas y resbala)


  • Hacemos lo mismo con otro personaje:

    El avaro
  • Causa externa: Un personaje pierde el tren porque hay cola en taquilla.

  • Causa inducida: alguien le convence de que le han dado mal el cambio y se entretiene contándolo.

  • Causa producida por la propia avaricia: el personaje se entretiene en recoger las monedas del cambio que va perdiendo por un agujero del bolsillo del viejo pantalón.


  • Un ejercicio interesante sería buscar formas de ser y personajes tipo que se adaptasen a cada caso, plantear una situación y ver cómo reaccionarían movidos por esa forma de ser:



    Una vez tengamos al personaje tipo volvemos a la forma de ser y la estiramos al máximo, la exageramos hasta llegar a sus límites:
    El aprendiz torpe con el uso de herramientas, le tiembla el pulso, duda y vuelve a dudar..
    El miedoso se asusta con el golpe del corcho de champan, tuvo alergia a la leche materna, lleva un ionizador de aire en el bolsillo…
    El exquisito es un personaje de nariz larga y afilada…

    Puede ser de gran ayuda buscar información en internet y podemos empezar a crear fichas de personajes.

    —¿Crear fichas? ¿Es qué crees que somos niños?
    —Eso digo, si no lo has hecho nunca, podría ser un buen momento hacerlo ahora.
    —Además de parecerme algo infantil lo de las fichas, me parece que te has dejado
    muchas cosas en el tintero.
    —Pues apuntalas en el cajetín de comentarios y tomaremos nota.



    Descarga la tabla para editarla y poner tus propias conclusiones

    sábado, 8 de abril de 2017

    Hablemos de terror





    Cerré el libro que estaba leyendo al ver a Elena venir hacia mí desde el final de la calle.

    Me encontraba solo, en la terraza del bar de Ernesto, disfrutando de las primeras páginas del Resplador, la obra de Stephen King de la que tanto había oído hablar.

    Escondí el libro en la bolsa de la compra y me dejé llevar por las emociones.

    Ella lucía un pantalón corto muy ceñido y una camiseta que permitía disfrutar de la perfección de su ombligo. Cuando bajé el punto de enfoque, sus movimientos oscilantes apartaron al monstruo que reinaba en mi cabeza de un solo golpe de caderas.

    —¡Mira qué suerte la mía al encontrarte aquí! —dijo sentándose a mi lado, y pidió una cerveza a Ernesto, que se había quedado en la puerta para no perder detalle—. Tengo una pregunta que es perfecta para ti.

    —¿Por qué? —pregunté después de haberle dado los dos besos de rigor en las mejillas.

    —Porque tú eres siempre tan lógico y cabal…

    —¡Me alagas, Elena! Pero no te creas todo lo que dicen de mí, a veces mienten.

    —¿Qué es lo que te da más miedo?

    —El dentista.

    —¡No me refiero a eso! Anoche fui al cine con unos amigos. Echaban una peli de terror y salí aterrada, los demás estaban tal cual. Me pregunto cómo es posible que haya gente que no se asuste.

    — ¡Esa es una pregunta fácil!, Hay un truco para eso, se trata de mirar al monstruo.

    —¿Qué?

    —El monstruo no es el que da miedo.

    — ¿Te estás quedando conmigo?

    —No, quien da miedo es la rubia.

    —¿Qué rubia? ¡Yo no he hablado de ninguna rubia!

    —¡La rubia que corre delante del monstruo! Verás, el horrible bicho la acorrala, le arranca el pantalón dejando a la vista una porción generosa de curvas y lanza un rugido ensordecedor. La rubia consigue escapar y llegar al final del túnel con el sudor resbalando por la piel. Cuando ya no tiene escapatoria, se gira y nos muestra unos ojos fuera de las órbitas y unos labios hinchados por el pánico. ¡Eso es lo que produce realmente terror! ¿Entiendes ahora?

    —O sea, según tu teoría, si nadie corriera delante del monstruo no sentiríamos el pánico apoderarse de nosotros.

    —Exacto, y cambiaríamos de canal para disfrutar de un capítulo de Big Bang.

    Elena se acercó el vaso a los labios y me miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa picarona.

    — ¡Eres un aguafiestas! Ya no voy a poder disfrutar del terror.

    —¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?:disfrutar del terror. La mayoría de seres humanos se dejan llevar, ¡no usan la lógica! Si lo piensas, es antinatural. Supón por un momento que intentas convencer a un gato para que monte en una montaña rusa, te aseguro que no lo vas a tener fácil. Cuando le digas que solo se trata de una diversión, el animal te llevará al psiquiatra. La mayoría de nosotros, en cambio, montaría.

    —¿Tú no?

    —No. Prefiero ser gato. El terror no es para las personas serias. ¿Quieres saber lo qué diría un gato sobre los libros de terror?

    —No. No es algo que me interese demasiado.

    —Pues deberías, los gatos son animales muy listos.

    —¡Quién me mandaría preguntar! Venga, cuéntame lo que diría el gato, si no, no te vas a quedar a gusto.

    —Que es absurdo torturarse por propia voluntad.

    —Pues yo le contestaría que eso me divierte. —El gato no entendería esa respuesta.

    — ¿Y qué debería contestarle?

    —Que te produce excitación mental.

    — ¿De verdad crees que el gato entendería eso?

    —Le extrañaría, pero como ese fin justifica los medios acabaría por aceptarlo.

    —Me queda claro, las personas serias no se dejan engañar y no miran a la rubia —contestó Elena y husmeó en la bolsa de la compra.

    Intenté evitar la tragedia pero no me dio tiempo a detenerla.