
Ella levantó la vista de la pantalla encendida y la fijó en un punto de la pared esbozando al mismo tiempo una misteriosa sonrisa.
—¡Córdoba! —dijo y la silla giratoria dio media vuelta.
—¿Córdoba? —preguntó él desde el otro extremo del despacho. Inclinó la cabeza y su frente se llenó...