
Esperanza cruzó la puerta de seguridad con las manos metidas
en los bolsillos traseros del vaquero ajustado y avanzó por la acera, sin más.
La seguía Juan, con la cabeza alta y esa mirada que se
perdía en el infinito al atravesar las gafas de pasta negra.
Esa mañana habían acudido al banco ...