
—¡Menudos quebraderos de cabeza me ha dado la señora!— Lo digo en voz alta, para que no se me vuelva a olvidar. He tenido que pedir auxilio, suplicar y doblegarme, ¡inadmisible! una vergüenza para mis principios y mí “modus vivendi”.
Me llaman “Lechugo”, es un apodo, un mote familiar. Mi verdadero...