jueves, 9 de abril de 2015

En la flor de la vida por Paola P.

Relato para el concurso: Los crímenes de la calle Morgue del Círculo de escritores



                           En la flor de la vida


 El cuerpo del delito yacía sobre la mesa como si alguien lo hubiese dejado ahí  de forma brutal.

                Pedro y Juan volvían a casa mientras discutían sobre lo acaecido esa mañana en el campus de la universidad.

—¡La puerta no se abre! es como si alguien hubiese manipulado la cerradura.
—Déjame a mí —dijo Pedro apartando al hermano de un empujón— tienes razón, no se abre.

Al tercer intento la puerta cedió dejando paso a la pareja.
Se dirigieron a la cocina empujándose uno al otro pero al abrir la puerta quedaron mudos ante la escena que encontraron.

—¡Dios mío! —Dijo Juan llevándose una mano a la boca. 
—¡Pero quién…! ¡Pero qué…! ¡No me lo puedo creer!

Volvieron al salón y Pedro cerró la puerta.

—¡Mamá está al llegar y no puede encontrarse esto! —dijo Pedro meneando la cabeza.
—Papá sabrá lo que hay que hacer, no toquemos nada y recemos para que llegue antes que mamá.
—¿¡Quién puede haber hecho una cosa así!? ¡Está irreconocible, parece que la hayan golpeado de mala manera!

                Mientras hablaban, el pomo de la puerta se movió como si alguien intentara abrir desde el otro lado, los chicos se sobresaltaron per Pedro se adelantó a abrir.

 Será papá —dijo.

                 El hombre entró y preguntó si  había llegado ya la madre pero  no obtuvo  respuesta. Frunció el ceño y al ver  que los chicos no dejaban de mirar la puerta de la cocina se  dirigió hacia allí.

— ¡Pero que habéis hecho, por el amor de Dios! —Dijo nada más entrar. Retrocedió sobre sus pasos sin  quitar la vista del espectáculo que tenía delante.
— ¡Nosotros no hemos sido! Acabamos de llegar a casa ahora mismo, igual que tú —contestó Juan.
—Pero quién ha podido…pero cómo ha pasado...
Pedro miraba a todas partes mientras Juan permanecía con la cabeza agachada.
—La puerta no abre bien —dijo Pedro tras unos minutos de silencio— a lo mejor alguien ha forzado la cerradura y ha entrado…
—No, eso no es lo que ha sucedido. Yo salí el último esta mañana y al cerrar se me rompió la llave en la cerradura y tuve que sacar el trozo  con un destornillador. Tenía intención de llamar a un cerrajero esta misma tarde. El culpable, por tanto, tenía llave. Esto es muy raro, chicos, hay que aclarar lo sucedido o todos pareceremos culpables.

               En ese momento llegó Elena, la madre de los chicos.
— ¡No entres en la cocina! —Dijo el marido cerrándole el paso.
Elena no le miró, bajó la cabeza y tras un largo silencio empezó a hablar:
—He llegado un poco más tarde de lo normal porque he ido a comprarme un bolso, estaba deprimida y necesitaba subirme el ánimo.

Nadie le prestaba atención, todos miraban al suelo haciendo barrera ante la puerta.

Elena levantó la cabeza, suspiró y fue a sentarse en el sillón. Sacó el bolso  del paquete y lo observó con ojos llenos de lágrimas.
— ¡Está bien! ¡He sido yo! —Gritó de repente mientras tiraba el bolso al suelo.

Los tres hombres levantaron la cabeza al unísono y miraron a la mujer que lloraba con la cara entre las manos.

—He perdido el control —dijo— Esperaba mucho más de ella.

Elena relató lo sucedido en retazos casi inteligibles:
—Hice todo lo que pude por ella, la mimé, la amé, y al final… ¡se torció! ¡Podía haber sido  maravillosa, única!  pero al final…no dio la talla. ¡No pude soportarlo más y la golpeé con todas mis fuerzas! Ya no había nada que pudiéramos hacer.

              Pedro se acercó a Elena, se agachó y le acarició las manos.
—¡No sé porque lo he hecho! —dijo la mujer levantando la cabeza— ¿Qué vamos a hacer ahora?
—No te preocupes, Elena, todo se arreglará, volveremos a empezar desde cero. No te sientas culpable, a cualquiera de nosotros nos podía haber sucedido lo mismo.

La abrazó con ternura y despues continuó hablando:
—Ya verás, plantaremos otra y participaremos en el concurso floral el año que viene, esta vez crecerá como a ti te gusta.

              Girándose hacia los chicos añadió:

 —Quitad los restos de la  orquídea de la mesa. Hay que tranquilizar a mamá. 



14 comentarios:

  1. Gran relato Paola, una intriga bien construida y resuelta con buen humor, bien escenificada y con todos los personajes situados en la escena del crimen para recibir una sorpresa y dos para el lector, enhorabuena.
    ¡Un abrazo compañera! ;)

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  2. Genial relato de intriga. Aunque sabes que te va a sorprender, no podría haber imaginado ese final. Mantiene la intriga en cada palabra. Un besillo Paola.

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  3. Inesperado final Paola. Me tuviste en vilo. Pensé que sería una "dama de blanco" (mujeres que por una depresión postparto han matado a sus bebés) pero me alegra que no fuera así a pesar de adoro las flores :) Muy bueno, un abrazo
    P.D.: Espero que hayas recargado pilas y ¡Mamma Mía! ¡qué relato!

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    1. Ana, me alegro de haberte sorprendido. Gracias

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  4. Bien lograda la escena y el modo en que cada personaje va apareciendo aumentando aún más la intriga. Muy buen corto, Paola.

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  5. Muy bueno, Paola, yo ya estaba pensando en algún crimen terrible, en un cadáver sobre la encimera de la cocina. Reconozco que me has pillado por sorpresa, genial!!

    Un abrazo grande.

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  6. Me alegro, Julia, de eso se trataba. Gracias por comentar

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  7. +Hola Paola.
    Una historia muy bien construida y muy bien escrita. Impecable.
    El final sorprendente y muy bello.
    Un gran abrazo.

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  8. Gracias, Lucia. Me alegra saber que has vuelto!

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  9. No me esperaba para nada ese final, muy bueno.
    Primero nos presentas el escenario del crimen, nos muestras que algo horripilante escena se encuentra encima de la mesa; nos imaginamos lo peor, claro. La reacción de los chicos y del padre ayuda. Nos vamos imaginando quién ha sido el asesino. Entonces llega, la madre, consternada, deprimida, y confiesa que fue ella.
    Todo nos parece extraño: la reacción del hombre, que para ser haber un muerto o muerta en la cocina no es como debería ser, pues mantiene más bien la calma, la reacción de este ante la confesión de la mujer, aún así, no sospechamos que no sea un cadáver humano... Y llega la sorpresa final, y nos haces replantearnos todo el relato de nuevo, hacernos sonreír por su ingenio y misterio oculto.
    Genial, Paola.
    Un saludo.

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  10. Gracias, Ricardo por un comentario tan extenso, me alegro de que te haya hecho sonreír.
    Pensé, cuando lo escribía, que estaba en el límite de eso que dicen que "no hay que engañar al lector". Leyendo vuestros comentarios sé, por lo menos, que no llegado a ello aunque supongo que a alguno no le haya parecido del todo correcto

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