domingo, 14 de mayo de 2017

El bar de Ernesto: Energías





Paco empuja con desgana la puerta del bar y sin mirar a nadie se dirige hacia la barra, avanza cabizbajo y arrastra los pies como si llevara botas pesadas. Ernesto está en la cocina pero mantiene la puerta entreabierta con un pie y al ver entrar al cliente, sale a recibirlo.

—Hola Ernesto, lo de siempre, con hielo y limón. ¡A ver si eso me anima! —dice Paco apoyando los brazos en la barra y tirando de un taburete con el pie—. ¡No sabes el día que llevo!, parece que hoy todos han querido ponerse en mi contra y ya no sé qué hacer.

—¿Qué te ha pasado? —pregunta Ernesto cerrando la puerta de la cocina después de haber lanzado una bocanada de humo hacia el interior.

—¡Un desastre, se podría decir que he topado con la iglesia tres veces!

—¿Tú? ¡Pero si ni siquiera sabes santiguarte!

—¡Ya ves! —E hizo un pausa para reunir fuerza— He querido dejar a todos contentos y ahora nadie me dirige la palabra. Mi madre ha decidido que ya no me habla. Va diciendo a todo el mundo qué le prometí bautizar al niño, qué ya tiene dos años y aún no he cumplido mi palabra, qué si le pasa algo, la culpa de que acabe en el limbo será mía. Y eso, amigo mío, es muy duro de llevar para un padre.

—¡No me extraña! Eso del limbo no suena nada bien y si puedes evitárselo al crio…

—En eso estoy, pero no lo tengo nada fácil.

—¿Qué le has contestado a tu madre?

—A ella nada. He hablado con mi mujer y le he contado lo del limbo.

—¡Mal camino has elegido! Luna es hippy hasta la médula.

—¡Ya! Lo del limbo no ha removido sus principios ni de un milímetro y como resultado, ella tampoco me habla. Dice que si se me ocurre bautizar al niño se lo lleva a Ibiza y nunca más sabré de ellos, que si hay que ir al infierno irán ellos dos, juntos y sin mí.

—¡Mal te veo, Paco! No le veo solución al asunto. ¿Y el tercer cabezazo? ¡no habrá sido una conversación de hombre a hombre con el chaval!

—¡Ojalá pudiera dar su opinión! Eso me sacaría de problemas. Con el tercero intento, creo que he metido la pata aún más. He ido a hablar con el cura para ver si podíamos bautizar al niño sin que su madre lo supiera.

—¡Tú no estás bien, Paco! ¿Pero no te das cuenta de que en un bautizo tiene que estar la madre presente?

—A ver, ¡tan tonto no soy! le he comentado al cura que mi madre se encargaría de hacer el papel…

—No quiero ni imaginarme la cara del cura —contesta Ernesto dejando la bebida de Paco sobre la mesa y desapareciendo tras la puerta de la cocina.

—¡Un poema! —dice Paco en voz baja — su cara era todo un poema. Menos mal que te has ido y no tengo que explicarte porqué.

Un hombre que apoya los codos sobre la repisa de mármol y mantiene la cara escondida entre las manos, levanta la cabeza poco a poco quedando con la nariz aprisionada entre los dedos y, en esa postura, murmura unas palabras inteligibles.

—¿Perdone? —pregunta Paco al darse cuenta de que habla con él.

—Decía, que son malos tiempos para todos.

—¡Hombre, Miguel! perdona pero no te había visto.

—No me extraña.

—¿Y eso?

—No me sorprendería nada haberme vuelto transparente —comenta Miguel mientras se esfuerza para conseguir incorporarse en el taburete.

—Mala cara sí que tienes, ¡amigo! ¿Te ayudo?

—No te preocupes, lo conseguiré, es que estoy algo flojo. Sabes, llevo varias noches durmiendo fatal —Y vuelve a dejarse caer sobre la barra.

—¡Pues sí qué estamos buenos! Y a ti, ¿qué te pasa?

—Estoy hecho polvo y duermo fatal?

—Bueno, supongo que las dos cosas estarán ligadas.

—En cierta forma sí. El asunto es algo complicado pero voy a intentar explicártelo lo mejor que pueda, descanso mal porque no logro mejorar mi estado energético y estoy destrozado porque la falta de energía me quita hasta las ganas de comer.

— ¿Tu estado de qué?

—No me hagas hablar tanto que estoy agotado. Te lo pongo más fácil, me han echado un mal de ojos.

Paco traga saliva y echa un vistazo a su alrededor, no ve nada extraño y entonces mira con cierto disimulo el interior del vaso del amigo.

— ¿Lo del mal de ojo es lo que no te deja dormir? —pregunta bajando la voz.

—¡No, qué va!, Eso es lo que me quita las ganas de comer, lo del descanso es por la cama.

—Lo de la cama tiene fácil arreglo, Miguel, ¡solo tienes que cambiar el colchón!

—No es tan sencillo, Paco, al colchón no le pasa nada, es la cama.

—¿Qué le pasa a la cama? ¡No estará embrujada o algo parecido!

—¡Qué va, hombre! ¡No pensarás que yo creo en magias o tonterías de esa clase! Lo que pasa es que no logro colocarla de forma correcta. Si la pongo lejos de puerta y ventanas evito que las buenas energías escapen de la casa pero no queda orientada de la forma correcta para que el campo electromagnético de la Tierra fluya a través de mi cuerpo —tomó aliento y siguió—. Si caso las dos cosas, la cama queda en el centro del cuarto y la cabecera no toca pared y eso es perjudicial. No te puedes hacer una idea de cuánto.

—Espera, Miguel, me he perdido —contesta Paco, y después de apurar su bebida comenta— lo que más me preocupa es eso de las “buenas energías”. ¿Podrías explicarme qué quieres decir con eso?

—Pues… ¡las energías positivas, hombre!, ¡cuáles van a ser las buenas, si no! Te he pedido que no me hagas hablar más de lo necesario, ¿no ves que estoy destrozado?

—¡Tranquilo, Miguel! —Paco pone una mano sobre el hombro del amigo— si estamos hablando de tu habitación, que está en el planeta Tierra, y de ti, que eres más grande que un electrón, no tienes de qué preocuparte. Las energías no pueden ser más que positivas.

—Perdone, señor, pero su amigo no se está refiriendo a la energía cinética, ni a la gravitacional —comenta un hombre de frente ancha y pelo recogido en una larga coleta— su amigo le está hablando de la energía interna de cada individuo, de la energía del alma, de la esencia de la vida. Si esa energía negativa que ya le rodea, aumentara, su amigo podría llegar incluso a apagarse y si le han echado un mal de ojo hay que poner remedio antes de que eso sea irreversible.

—¿Cómo? —pregunta Miguel entrando en pánico.

—Perdonen, me gustaría intervenir —dice una mujer que está removiendo el interior de una taza humeante, en una mesa cercana.

—Sí —contesta Miguel.

—¿Ya le han hecho la prueba del aceite?

—¡Cómo me alegro de que alguien hable mí mismo idioma! Todo eso del tamaño de un electrón y de la esencia de la vida me ha dejado peor de lo que estaba. La prueba del aceite ha dado positiva. Me han asegurado que es mal de ojo pero no me han dicho nada sobre lo de apagarme.

La mujer se levanta, se acerca a Miguel con paso decidido y le coloca un dedo sobre la mejilla.

— ¿Puedo?

—¡No faltaba más!

—¿Le han pasado el huevo? —pregunta ella mientras observa el interior del globo ocular de Miguel.

—Sí, me lo han hecho dos veces, pero no han conseguido resolver nada. Por lo visto las malas energías no quieren abandonar mí cuerpo. Me han dicho que el problema viene por la orientación de la cama.

— ¡Lo de la cama no tiene nada que ver con el mal de ojo! —grita el coletas dando un manotazo sobre el mármol— ¡Menuda tontería! La orientación de la cama tiene que ver con la ocupación consciente y armónica del espacio según el feng shui, el mal de ojo es un asunto de una naturaleza completamente distinta. Aunque podría ser que… ¿cuándo usted duerme, tiene los pies en dirección a la puerta?

—Para que la cabecera toque pared, ¡no me queda más remedio! —contesta Miguel pasando un pañuelo por la frente.

—¡A ver si en lugar de un mal de ojos lo que le pasa a usted es qué va enfermando poco a poco y sin una explicación lógica porque duerme en la posición de la muerte!

—¿Tiene televisión o espejos en la habitación? —pregunta la mujer al ver que Miguel va perdiendo el poco color que le queda.

—Sí, pero el espejo está dentro del armario y tapo la pantalla de la tele con un trapo antes de dormir.

—¡Bien hecho! —contesta la mujer dando a Miguel unas palmaditas en el hombro— ¡No desespere qué todo tiene remedio! Menos la muerte, claro está, pero no se preocupe que ese todavía no es su caso, se lo he visto en el fondo del ojo, en el alma. Ahora solo le queda girar la cama y hacer una buena limpieza.

— ¡Oiga! Le agradezco los ánimos pero le aseguro que mi casa está bien limpia —grita Miguel viendo sus días contados y su honor por los suelos.

—¡No de energías negativas! —contesta el coletas— ¡Esas fuerzas malignas no se barren con la escoba, muchacho! ¿Ha limpiado con sal y ha puesto velas blancas?

— ¡No! —contesta Miguel con un extraño brillo en los ojos— ¡Nadie me ha hablado de eso!

—Nunca falla. Unas buenas velas blancas y unos lazos rojos en las esquinas protegen el ambiente. ¡¿Ha visto cómo hemos dado con la solución?! —añade la mujer asintiendo enérgicamente.

Ernesto vuelve a dar señales de vida y observa, pensativo, la escena.

— ¿Pero… es que no hay nadie aquí que opine que esto es una locura? —pregunta Paco abriendo los brazos.

—Yo mismo —contesta un hombre que estaba escuchando la conversación desde el fondo de la sala—, ¡esas son todas majaderías!

— ¿Y con qué autoridad está usted hablando? —pregunta desafiante el coletas.

—¡Con la que me otorga Dios! —Y el hombre enseña el alzacuellos.

—Bueno —dice Miguel dirigiéndose de puntillas hacia la puerta—, agradecido a todos por la ayuda…me voy a comprar velas blancas.

—¡Será para llevarlas a la Virgen!

—¡Por supuesto Padre! Mañana las llevaré sin falta.

El local queda inmerso en el silencio y solo se oyen los pasos del hombre vestido de negro que avanza hacia la barra. Mira a Ernesto con expresión severa y pide un café. Niega con la cabeza repetidas veces, se gira y clava sus ojos en los ojos de Paco, luego levanta una ceja.

—Veamos cómo podemos arreglar lo del chaval, tiene mala pinta pero los caminos del Señor son infinitos.

Ernesto observa como el líquido negro cae en el fondo de la taza, de repente levanta la cabeza y observa el calendario. —¡Ya me parecía a mí! San Simeon el loco,por algo será.

19 comentarios:

  1. Genial. Paola, me lo he pasado en grande. Dentro de esta situación, que raya el esperpento, lo del bautizo y el limbo me ha llegado muy adentro, pues en esa tesitura me encontré hace 33 años cuando mi padre me conminó a que bautizáramos a nuestra hija mayor a menos que quisiera que su alma fuera al limbo. Así se lo dije al cura cuando, en una reunión preparatoria, nos preguntó a los padres por qué habíamos decidido bautizar a nuestros hijos. Nos debió tocar un cura "progre" porque todavía se está riendo después de contarle que no quería que a mi padre le diera un soponcio por culpa del limbo, jajaja.
    Un abrazo.

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  2. Hola Josep!
    Son problemas que hemos vivido muchos de nosotros. Lo del limbo a sido el hombre del coco de nuestros padres y por ahí no pasaban. Vale una boda por lo civil, pero a mi nieto lo bautizas. ..sí o sí.
    Gracias por el comentario.
    Saludos

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  3. Hola Paola.
    Es muy bueno en verdad.
    Felicitaciones.

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    1. Gracias. Me alegro de que te haya gustado.
      Saludos

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  4. Muy divertido, Paola. Ya echaba de menos estas charlas de bar tan entretenidas y, en ocasiones, esclarecedoras :D

    ¡Un abrazo!

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  5. Gracias Julia.
    Si te ha entretenido me siento Félix.

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  6. Bueno, Paola, sin duda has aplicado en esta relato todos tus conocimientos sobre el género del humor que leí en entradas anteriores. Me reído muchísimo, la conversación va in crescendo en la locura, pero siempre está el contrapunto serio o el razonamiento del absurdo que hace que se lea con la sonrisa puesta. Lo he disfrutado muchísimo, Paola. Felicitaciones! Un abrazo!

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    1. Gracias, David
      El mundo es una locura si lo miramos según la teoría del Play, todo puede ser tratado con humor. Lo estoy expirimentando!!
      Me alegro de que te haya gustado.
      Saludos

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  7. Me encanta el bar de Ernesto. Vaya lio has metido aquí, todo mezclado te dan ganas de hacerte atea y mudarte fuera de la Tierra. Jajajaja.
    Un besllo.

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    1. Hola, Maria.
      El problema radica en que habría que ir solos, si no...vuelta a empezar.
      Gracias y saludos

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  8. Jajaja
    No esperaba menos.
    Es muy bueno, lo he disfrutado mucho.
    😆

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  9. Gracias Charo
    Me alegro de que te haya gustado.Una charla de bar de las que se pueden oír en cualquier momento

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  10. Pues hay unas conversaciones muy entretenidas en el Bar de Ernesto. Un abrazo

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  11. Hola, Maria
    El bar de Ernesto es un poco especial. Está situado en uno de esos lugares estratégicos en los que se reúnen gentes de toda clase, además, Ernesto es muy observador y no se deja escapar las conversaciones interesantes. Su sueño es el de ser escritor...

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  12. Qué buen relato Paola. Es muy divertido y me ha gustado mucho cómo lo has ido desarrollando con las diferentes "sugerencias" de la gente sobre lo que le pasa al pobre, me ha encantado. Solo faltaba un cura (¡ah que también sale!,jeje).
    Enhorabuena y un abrazo.

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  13. Ya no quedaba nadie más que meter en la conversación! !
    Me alegro de qué te haya gustado. Gracias por comentar

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  14. Me ha gustado mucho el "tempo" que empleas y como cada personaje que entra en la acción incrementa el esperpento,... muy bueno Paola!

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    1. Hola Baile del Norte
      Me alegro de que te haya gustado. A veces las cosas se complican hasta el infinito. La vida es así
      Gracias por detenerte a comentar

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