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sábado, 13 de marzo de 2021

Arreglando pequeños errores


La joven de los tirabuzones dorados, muy concentrada en el minucioso examen de una manzana que le acaba de entregar una serpiente que pasaba por ahí, ve venir a su compañero. Parpadea, repite, se restriega los ojos, vuelve a enfocar y al fin levanta una ceja.

El joven semidesnudo que zigzaguea por el sendero desviviéndose en mil perdones con las florecillas que acaba de pisar, esconde algo entre las manos.

 ¿Adonde iba? Sí, Uva, allí, ¡hip!, bajo ese árpol, voy.

—¿Por qué caminas de esa manera?

 —¿De qué manera? —pregunta Adán entre carcajadas.

—¡Se te ve raro querido y pronuncias fatal! Aunque hay que reconocer que estás disfrutando del momento.

—Uvaaaa ¡Cuánto te quiero! y mira lo que traigo. ¡Hip! Perdón.

—Me llamo Eva y no Uva. ¡Qué demonios!

La joven queda pensativa, no sé yo, algo le pasa a este hombre, pero tan malo no parece ser. A lo mejor estas frutas están algo pasadas. Quizás la manzana le arregle el estómago.

Eva se siente observada y mira hacia arriba de soslayo.

El jefe no es. Menos mal, no he hecho nada malo, pero con Él, ¡nunca se sabe!

De pronto un silbido y la joven se gira. Es Adán que sonríe agazapado detrás de unas matas. Le hace señas con los dedos y tiene una mirada traviesa. Demasiado traviesa para resistirse, diría yo, si me permiten la intromisión.

—¿Qué te siga? ¿Y qué traiga las uvas? ¿Y qué me vaya preparando? —Traduce Eva, se pone en marcha y lanza la manzana por los aires.

La maldita, rueda ladera abajo, choca con las rocas y queda hecha mil añicos que acaban desapareciendo misteriosamente engullidos por un barrizal.


En lo sucesivo, ellas parirán en un jardín entre mil mariposas de colores. Reirán risueñas y todo será paz y tranquilidad.


Punto Jombar:

Según el más popular y conocido relato bíblico, la manzana que Eva ofreció a Adam es la culpable de que las mujeres paran con dolor: todas pagamos el Pecado Original.

¡Chicos, chicos, un poco nervio, algo de aventura! ¡¡La que armasteis por una maldita manzana!!  


 


lunes, 8 de febrero de 2021

Aires de tormenta


 

Al despertar noto que la capa de gris con la que han pintado el cielo esta mañana es tan densa que ha descendido hasta la superficie en forma de partículas diminutas. Como gas venenoso se ha colado entre las rendijas de las ventanas y la he respirado mientras dormía plácidamente mi sueño de recién jubilada. Ni ganas tengo de levantarme.

Me asomo a la cristalera que da al exterior y observo que Danilo ya luce el mono de trabajo y que con brío inusitado hinca el pico en la dura tierra. A él le gustan los días nublados al igual que la comida de cuchara y los documentales de “la dos”, tres cosas que me ponen de mal humor por el mismo motivo.

La idea inicial del abordaje de esta nueva etapa de la vida se basaba en que dispondríamos de todo nuestro tiempo para conocer lugares, descubrir países, probar cosas diferentes y dejarnos llevar por los aromas embriagadores de las flores silvestres o de los mares remotos. Pero la pandemia del coronavirus no solo ha paralizado el mundo, sino que ha atizado un golpe mortal a nuestros planes y nos ha dejado atados al terruño y encerrados en nuestra casa de campo por tiempo indefinido.

El emocionante proyecto que suple ahora nuestros sueños consiste, según Danilo, en remover con el pico la tierra que circunda la casa y transformarla, pala mediante, en substrato adecuado para un huerto.

 Montañas de tierra y socavones con el mismo volumen de capacidad son ahora nuestro horizonte, y lo son en ambos sentidos de la palabra, pues se supone que el siguiente paso será enriquecer los montículos con la aportación de sacas y sacas de caca de cabra que nos han costado un riñón y que en estos momentos aromatizan el ambiente.   

Sin sol no hay vida, digo como una forma cualquiera de dar los buenos días, al acercarme a él. ¡Pues mira los nórdicos, vivitos y coleando!, contesta Danilo y sigue con lo suyo. Ya los veo, vienen todos aquí en cuanto juntan dos días seguidos de vacaciones, añado mientras voy a hacer café y le dejo a sus menesteres.


No sé si habrá algún estudio científico al respecto, pero estoy convencida de que el aroma del negro caldo que sale de la cafetera se desplaza por el aire a una velocidad superior a la del sonido, pues Danilo se presentaba en casa cuando la máquina apenas empezaba a gorgotear.

—Ya está hecho, pero quema como el sol radiante, aunque seco no está —medio grito mientras él se quita las botas embarradas y las deja fuera de la puerta.

—Lo sé. ¡Vaya un día! aunque en el fondo casi es mejor que esté nublado, los efluvios del estiércol  se expanden con más intensidad si hace sol—contesta mientras hace aparición en la cocina.

—Pero la mierda se seca más, pesa menos y en la pala se nota.

—¡Ya! Nunca llueve a gusto de todos. ¿Es hoy cuando vienen los chicos a comer?

—Sí. Pensaba hacer arroz.

—¡Caldoso?

—¡No! —contesto y separo las gafas empañadas lo justo para mirarle a los ojos de soslayo y que él aprecie el ceño de los míos fruncido en todo su esplendor.

—¿De marisco?

—A los chicos no les gusta el pescado.

No es que sus ojos sonriesen porque los ojos no pueden sonreír, pero conozco muy bien a Danilo y sus miradas: No alimentes el deseo de descargar tus malos humos con una buena riña porque hoy no te lo voy a permitir.

—¿De pollo y conejo?

—¿Y de que va a ser una paella, si no?

—Ten cuidado que a veces queda seca…

—Creo que con un poco de suerte lloverá.

—Quieres decir que si llueve se te irá por fin la mala leche con la que has amanecido?

—Puede, pero me refería más bien a que el arroz no quedará tan seco.

—Cariño, estás realmente insoportable, pero que sepas que dos no discuten si uno no quiere.

¡Cómo me gusta eso de tener razón!, aunque estar en lo cierto no suaviza el abatimiento.

—Ahora mismo deberíamos de estar en Casablanca Danilo, es más, hoy era el día de la excursión en camello a una jaima del desierto para ver las estrellas por la noche y saborear un buen té.

—Aquí también podemos ver estrellas.

—Sí, si llueve, la paella queda caldosa, las nubes pesan menos y el viento se las lleva de una puta vez.

—¡Te estás volviendo muy mal hablada Francesca!, desde que no vas a la oficina te estás embruteciendo.

—¡Será por el nuevo empleo de pico y pala, Danilo! y no me toques los cojones que ya no soy una niña que puedas engañar con tus zalamerías.

—No puedo tocarte lo que no tienes Francesca, pero sí pedirte que pintes una sonrisa en esa cara, que te vistas con prendas de colores y que esta noche, cuando se vayan los chicos, salgamos al jardín cargados de cojines, que del té beduino me encargo yo —contesta, me besa en la frente y me entrega una flor.

Lo bueno, es que por mucho que le conozca, Danilo siempre me sorprende.

—Está bien, tú ganas, ¡arroz caldoso con bogavante! y al que no le guste que arree que nosotros esta noche nos vamos de jaimas sobre las dunas que consigas cavar hoy. 

martes, 22 de septiembre de 2020

 


Argumento proporcionado por Storynator:

 Una limpiadora que tuvo problemas con las drogas y un piloto que colecciona bragas, se encuentran en el mismo restaurante, todo se complica con la presencia de un bombero, donde la tristeza y la locura serán eje de una historia repleta de sorpresas.

  248 Palabras


                                                      EL CONVIDADO DE PIEDRA


Una novia intenta liar un porro mientras se asoma al vacío desde la azotea de un rascacielos. Le tiemblan las manos, tiene los ojos llenos de lágrimas y, ahí arriba sopla un viento que pretende llevarse la cola de capilla del blanco vestido.

—¿Está usted bien, qué ha pasado?—pregunta un tipo fornido y guapete que aparece por la puerta de acceso. 

La novia levanta la ceja derecha y encoge los hombros.

—No te asustes, vengo del banquete.

La mujer parece animarse, le vuelve a mirar y contesta levantando la voz para que el aire no se lleve las palabras.

—Creo que Roberto, con el que te recuerdo que acabo de casarme, me engaña.

 El joven sonríe y ladea la cabeza, se hace con las herramientas, lía el porro, lo enciende y haciendo refugio con las manos, se lo entrega.

—Gracias. Abajo en la fiesta un calor asfixiante, y voilá que Roberto ha querido secarme el sudor de la frente con unas bragas de hilo en lugar de emplear  un simple pañuelo! —dice la chica y aspira de prisa no sea que el porro se apague.

—¿De encaje malva con perlas azules?

La novia desgrana los ojos.

El hombre recupera el pitillo y aspira, se asoma al parapeto, menea la cabeza y pisa el vestido con todas sus fuerzas.

—¡Tranquila querida, son mías! Le traían suerte al chaval y se las llevó de recuerdo el día en que rompimos.


jueves, 21 de mayo de 2020

Poder es poder



—¡Por Dios señor, ahí no puede sentarse, ese sitio está reservado para  el Siñor Verme!— dijo el camarero, tras llevarse las manos a la cabeza.  

 

 Mare Nostrum era un chiringuito de madera, viejo pero con estilo, que surgía a pie de playa de un pequeño pueblo alicantino.  Las mesas de la terraza quedaban protegidas de los rayos solares gracias a una carpa recubierta con cañizo, todas excepto una, la más cómoda, separada de las demás, de cara al mar y a la sombra de una parra.

 

—¡Se’l demane per favor, senyor! Lo sé, culpa meua, no he puesto cartel  que lo indicase dijo el muchacho y juntó las manos, implorante—, ¡pero si sigue usted ahí se’ns va a caure el pél a tots!

 

—¿Don Verme? —preguntó el hombre que se levantaba sin dejar de negar con la cabeza.

 

—Sí señor, una endemoniada oruga que  llegó al pueblo hará cosa de un año, a través del espejo mágico. Según he oído, vino por orden expresa de la Reina de Corazones. Se instaló en un chalet de la colina, compró tierras por aquí, construyó por allí y en poco tiempo se hizo  amo y señor del lugar. De alguna forma, todos le debemos pleitesía.

 

Como todas las tardes, a esa hora, ya se había empezado a levantar una deliciosa brisa marina cuando los niños pararon de jugar a la pelota y se acercaron al establecimiento para observar la llegada de un ser todo verde y orondo que avanzaba hacia el local  en una silla de ruedas motorizada. Un muchacho bronceado y musculoso empujaba el artefacto al tiempo que respondía a los saludos de los presentes mientras el personaje, con ojos cerrados y fosas nasales bien abiertas, aspiraba el aire yodado del mar.

 

Llegado el momento, el joven levantó al Siñor Verme como si se tratara de alzar un cojín de plumas y lo posó, con toda suavidad, en su tumbona. Recubrió el cuerpo del susodicho con una manta roja a juego con el  sombrero que calzaba la puntiaguda cabeza de su patrón y se quedó ahí de pie, formado, como si se tratara de un miembro de la  Guardia Real Británica.

 

 

Tras acomodar sus segmentos a la nueva posición y sin mirar a nadie, la oruga se dedicó a sorber el extraño refresco que había traído el camarero, en una copa  repleta de hielo picado. Repantingada en su trono, entre sorbo y sorbo, y sin dejar de observar el arcoiris de colores cálidos que la puesta de sol había pintado en el cielo, daba largas chupadas a un narguilé que el asistente se había apresurado en dejar sobre la mesa.

 

El personaje aspiraba el humo por la boca y lo expulsaba después a través de los expiráculos que poblaban su abdomen quedando así, todo él, envuelto en una nube blanquecina que le proporcionaba un aire  aún más soberbio.

 

 Todo era quietud y tranquilidad, hasta los perros habían dejado de ladrar y los clientes del establecimiento que aún charlaban, lo hacían en voz tan baja que aquello parecía un velatorio.

 

Mientras el camarero sugería al desconocido que no mirara directamente al Siñore, si no quería que el musculitos se lo explicara de forma más convincente , el estallido de un disparo cercano quebró la tranquilidad reinante.

 

Tras saltar el muro del paseo, dos hombres irrumpieron en la playa levantando una gran polvareda de arena que el aire se ocupó de arrastrar hasta el chiringuito.

 

 El más barrigón de los dos hombres rondaría los cuarenta y apretaba una pistola humeante en la mano derecha, el otro que parecía bastante más joven aunque ya tenía pelo en el pecho se abalanzó sobre el contrincante y tras endiñarle un diestro en el estómago lo tiró al suelo.

 

—¡Cabronazo, me las vas a pagar! gritaba el gordito.

 

—¡filthy fucking pig! —gritaba también el otro, golpeando allí donde llegaban los puños.

 

Un coche policial apareció de repente y paró justo al lado del establecimiento. Los agentes activaron la sirena y salieron del vehículo.

 

Los guardias se quedaron observando la escena durante unos segundos hasta que uno de ellos, tras hablar por la radio del vehículo, miró hacia el chiringuito y corrió, presto, a acallar la alarma.

 

Rápidos, los agentes se cuadraron ante el Siñor Verme, cuyas facciones no se inmutaron ni por un momento. Tras deshacerse en excusas, los hombres corrieron hacia la playa sin dejar de echar ojeadas rápidas a la figura oronda que emitía humo rojo por los orificios laterales de su cuerpo.

 

¡Policía, deténganse! —gritó uno de los agentes mientras el compañero inmovilizaba al joven que no paraba de golpear el flanco derecho del contrincante.

El mayor de los maleantes a malas penas lograba levantarse, tenía un ojo morado y no paraba de escupir arena.

 

Una vez esposados los dos elementos y recuperada la pistola del suelo, los guardias abandonaron la zona no sin antes presentar saludo militar a la venerable oruga.

 

Cuando el coche policial desapareció tras una curva y los niños volvieron a jugar en silencio, el camarero apareció en la terraza con otra copa de ese misterioso líquido azul.

 Don Verme dejó escapar un largo suspiro y se centró en el disfrute de un cielo que en ese momento se había tornado de rojo intenso con leves matices  morados.  

 

 


martes, 10 de marzo de 2020

Carpaccio de salmón (segunda parte de Tortellini alla Russa)



—No se, Heliodoro, si trasladar el restaurante de Alfas del Pin a Polop ha resultado buena idea.

—Hostia Concetta que aún me duele el lumbago por la mudanza. ¿Y hablando de mudanza, has oído lo del juicio por el asesinato de aquel millonario?

—¿Te refieres al belloccio que venía al restaurante de Alfas?, sí, “e nemmeno Dio riesce a capire un cazzo in quel casino.

¡Que estás en España, Concetta!

Ya es hora de que entiendas lo que digo Heliodoro, tantos años de pinche y no cazas ni una mosca. Digo que no hay Dios que entienda ese endemoniado asunto, y ten cuidado con el cuchillo, no sé yo si estás preparado para usarlo.

No me jodas, Concetta y que sepas que no entiendes el caso porque tienes la cabeza en Marrakech…

¡Porca Eva! No me lo recuerdes ahora que estoy descabezando conejos por culpa de Lorenzo que como siempre está de baja.

La verdad es que no te veo montada en camello en dirección a una haima del desierto.

Ni tú ni nadie va a ver semejante imagen jamás. ¡Paolo e i viaggi di avventura! Lo que no acabo de entender es el motivo de ese asesinato.

—A ver Concetta —contesta Heliodoro y mira a los ojos el salmón que tiene delante — no es difícil de entender:
Se cargan al milionetti, no hay testigos y nadie reconoce la participación en el asunto.

—Hasta ahí todo claro. Y al no aparecer el arma, del caso ya no habla ni Dios. ¿Por qué te paras, Heliodoro? El truco está en trabajar y hablar al mismo tiempo.

—La mala leche que te gastas no radica en que hayas dejado de fumar, es más bien visceral, diría yo que de nacimiento ¡Si es solo un momento carajo! Este tema requiere máxima concentración.

—Hombres…

—Resumiendo, sin asesino y sin arma el caso se va al garete pero, mira por donde, dos años después detienen a un matón que ha sido grabado  mientras traficaba con drogas y anabolizantes en diferentes zonas de la Marina y Benidorm.

¡El compinche del chino asesinado en el baño de nuestro restaurante de Alfas! Seguro que es él.

Podría ser, Concetta, pero no compliquemos el asunto que con lo que hay tenemos bastante.
Por lo visto, el tipo da la campanada confesando que dos años atrás le habían propuesto matar al Millonetti por 35000 euros pero que no aceptó.

¿Y por qué crees que ese dolce gattino se mete en tal berenjenal si ya tiene lo suyo con lo del chino y las drogas?

¡Para que le reduzcan la pena de cárcel, es de cajón!

De cajón, de cajón, quí Gatta ci cova, o lo que es lo mismo, a mi no me las da con queso.

¡Claro que si al caso le añadimos tus conjeturas, apaga y “vamonós”!
Calla y atiende que por muy jefa que seas yo también peso lo mío. El matón facilita los nombres de dos sicarios checos que podrían haber ejecutado al Millonetti por 50000euros. Además asegura que en el reservado del prostíbulo donde le ofrecieron cargarse al industrial dos años atrás, estaban presentes el dueño del local, el gerente del club, un tal Cano, que era el segundo de abordo del imperio industrial del fiambre y un empresario del calzado.

¡Madonna que casino! Casi prefiero que hablemos de los encantadores de serpientes que pululan por Marrakech.

La mare que va, Concetta, no puedes rendirte tan pronto! Concéntrate:

Los Checos lo niegan todo y para embarullar más el asunto, se descubre que el fiambre y su segundo estaban hasta el cuello en un turbio asunto urbanistico de terrenos sin calificar.

Pues no veo en que lo lía, más bien parece el móvil probable de todo el tinglao

Verás, por lo que se comenta como secreto a voces, en el follón de los terrenos estaba comprometido un cargo importante del ayuntamiento, y por si fuera poco se descubre que el emérito era portador de dos enfermedades de transmisión sexual desde hacía diez años, de las que estaba tratándose en Valencia.
Osea que tienen a los asesinos pero no tienen pruebas, no aparece el arma, del móvil mejor no comentar y el único testigo es un delincuente, traficante, matón y mentiroso. Las malas lenguas van diciendo que el juez quiso aparcar la investigación.

No me extraña en absoluto, en su lugar yo habría colgado la toga y habría montado una churrería en las Alpujarras. Allí es difícil que te encuentren, lo sé por unos paisanos míos que tuvieron que salir de Italia cagando leches. Y ahora al salmón que el carpaccio no se hace solo.

Espera, hay más. Para evitar que saltaras como un grillo al ataque suponiendo que esos bichos lo hagan, no he sido totalmente fiel a la verdad.

¡Heliodoro qué te despido!

Cuando te dije que en el prostíbulo estaban presentes el dueño, el gerente, el tal Cano y el empresario del calzado he omitido contarte que también había un cojo y una rubia que nadie sabe quienes son.

¡La rusa, Heliodoro, la novia del chino! La que estuvo trabajando con nosotros en los últimos tiempos de Alfas… Si ya sabía yo que no era de fiar, poner mermelada en los espaguetis es de mentes criminales o de trastorno bipolar.

¡Ves como acerté en dejarlo para el final! Habrías mandado al traste toda la historia. ¿Y cuando dices que sales para Marrakech?

En cuanto Lorenzo se digne volver al trabajo, que va siendo hora.